El Convento: la nueva obra de Stephie Bastías

PorTCH

El Convento: la nueva obra de Stephie Bastías

Tras el éxito de su primera obra “La Torre” y en coproducción con Santiago a Mil y el Teatro Camilo Henríquez, la actriz, directora y dramaturga Stephie Bastías Paredes se encuentra próxima a presentar “El Convento”, obra que estrenará como parte de la versión 2021 del Festival Internacional.

Muchos de nosotros hemos estado en confinamiento producto de la pandemia, sin embargo, cuesta comprender cómo es la vida de una mujer al interior de un convento de claustro, la vida de una monja. “La idea de la obra apareció antes que se decretara confinamiento, y la palabra “confinamiento” se repetía mucho en mí, entonces no ha sido forzado cruzar estas cosas, sino que ha sido super natural. Nos permite entender a muy menor escala lo que es estar encerrado”.

En esta nueva propuesta teatral de la directora y dramaturga, viven seis novicias. Tienen prohibido hablar en español pues hicieron voto de silencio perpetuo, solo pueden usar el latín, las pocas veces que hablan, pero, a través de cantos, gestos, luces y ruidos han encontrado otras maneras de comunicarse.

Tanto “EL Convento” como “La Torre” forman parte de una trilogía pensada por Stephie para abordar a través de las artes escénicas una temática que requiere más de un solo montaje. “En eso estoy, un poco tejiendo una triada que sea interesante, novedosa, entretenida visualmente, compleja. Que sea autoral y que pueda generar sentido en quien lo vea. Que podamos dar cuenta del sentido histórico de la mujer en occidente a través de estas piezas teatrales”.

¿Cómo nace «El Convento»? ¿Cuándo tiene programado estreno y dónde?

“El Convento” nace, porque la primera obra “La Torre” dio clave sobre algunas temáticas que me parecía muy importante poder profundizar y era necesario seguir para poder dar cuenta de eso. Así aparece “El Convento” como una obra entrelazada con “La Torre” que aborda nuevamente temáticas como lo femenino, la muerte, el silencio, pero ahora en un nuevo espacio que es este espacio conventual.

Surge también por una invitación que recibo por parte del Teatro Camilo Henríquez a poder trabajar en conjunto una nueva creación que tome un lenguaje similar a lo que aparece en La Torre y que pueda ser estrenado en Santiago a Mil 2021.

El relato transcurre con seis novicias, mujeres jóvenes. ¿Qué pasa con su sexualidad? ¿Es la negación de la naturaleza humana un espacio para sacar lo más oculto en el ser humano?

Es muy interesante pensar sobre qué pasa con la sexualidad de estas novicias, sobre su decisión de estar ahí. Podemos mirar un poco la historia y darnos cuenta de que existieron distintos referentes de monjas que su decisión de estar en ese espacio conventual responde a distintas decisiones.

Hay mujeres como Santa Rosa de Lima que decide irse a este espacio para casarse con Jesucristo y estar con él, y suprimir toda sexualidad humana y carnal por amor a su salvador. Otras mujeres como Sor Juana Inés de la Cruz que decide estar en el espacio conventual para no tener que cumplir su rol de mujer casada y madre, entonces ve este espacio como para sacar provecho, de resistencia para desarrollarse intelectualmente.

Es muy enriquecedor darte cuenta de que hay un abanico de decisiones en estas novicias que las hacen estar en estos espacios

¿Crees que aún hoy en día, las mujeres deben renunciar a gran parte de su ser como precio a la emancipación, a la realización de sus sueños?

Precisamente se levanta esta idea pensando en la producción de femineidades que estos espacios hacen. Creo que un espacio conventual es por esencia un espacio del deber ser femenino, de la mujer. No tengo la respuesta a esta pregunta, pero sí que nos interesa como grupo ver qué de esos cuerpos está presente hoy día en lo contemporáneo, qué de esas mujeres, de esas monjas podemos observar hoy en día. No sé si hoy en día la mujer tiene que renunciar a sus sueños por la emancipación.

Aparece la necesidad de hacer una nueva obra con temáticas tan parecidas porque las preguntas son muy difíciles. Entonces, sigo dando vueltas en las mismas preguntas. Como, ¿Qué de eso hay hoy en día en la sociedad contemporánea? ¿Qué de eso hay en mí hoy día? ¿Qué de esas mujeres está inscrito en mi cuerpo?

Si no me equivoco, ahora están en etapa de ensayos. ¿Cómo ha sido el trabajo corporal de esta obra? ¿Qué has descubierto en esta construcción?

Estamos con ensayos presenciales, con todas las medidas de seguridad lo que ha sido maravilloso, el volver a ensayar ha sido un privilegio, una instancia que extrañaba muchísimo y las actrices también, encontrarnos ha sido increíble.

El proceso ha estado cargado por el cuerpo. Estoy trabajando con una dramaturgia muy escueta de palabras, la idea de silencio cruza toda la obra. Estas novicias están en un voto de silencio por tanto el cuerpo toma y asume toda la responsabilidad de lo que ahí está pasando. Estos espacios conventuales podemos vincularlos a una absoluta y exagerada transformación del cuerpo. Hay gestos, maneras de estar, de rezar, de caminar que van marcando los cuerpos de estar mujeres. Las van automatizando, dejan de pensar en lo que hacen porque ya lo han hecho y lo repiten siempre. El trabajo corporal ha estado puesto en encontrar estos gestos, y en encontrar la teatralidad de esos gestos. Cómo esos gestos se amplifican, cómo se repiten, como retroceden, como se transforman en una u otra cosa.

El cuerpo de la novicia es un material muy rico para entrar a jugar. Y poder desvirtuarlo, poder contextualizarlo en otra cosa. Realmente la investigación y la construcción de los cuerpos que están haciendo las actrices es muy entretenido, profundo. También muy doloroso porque si pensamos en el cuerpo de la novicia, pensamos en un cuerpo torturado, autoflagelado en el margen y enmarcado en la fe, la culpa. Entonces aparece otro tipo de dimensión: este cuerpo, el cuerpo torturado. El poder entrar en eso ha sido un desafío, estamos en eso en encontrar la forma, pero también encontrar los cuerpos de nuestra obra. Los cuerpos que nosotras queremos poner ahí.

¿Qué similitudes encuentras entre el confinamiento de tus personajes versus el confinamiento en pandemia, donde muchas personas están viviendo encerradas en sus casas desde marzo?

Realmente lo del confinamiento ha sido una sorpresa. La idea de la obra apareció antes que se decretara confinamiento, y la palabra “confinamiento” se repetía mucho en mí entonces no ha sido forzado cruzar estas cosas, sino que ha sido super natural. Nos permite entender a muy menor escala lo que es estar encerrado. La prohibición de salir. Sin duda ha sido muy interesante cruzar estas cosas no de manera forzada, sino que, de manera muy natural.

De las propias actrices y en reflexiones podemos darnos cuenta de que hay algo que rescatar de este confinamiento y ponerlo al servicio de la obra.

Tu obra anterior, «La Torre» y la actual tienen como eje de su desarrollo y protagonistas a las mujeres. ¿Qué te motiva a llevar estas temáticas a las artes escénicas?

Difícilmente puedo dar respuesta a esas preguntas. De seguro nunca podré responder todo lo que me inquieta acerca del universo de las mujeres y de lo femenino, pero creo que queda mucho por reflexionar.

Creo también que estamos pensando la obra no solo con temáticas de mujeres, sino que sean las mismas mujeres las que hablen de eso. Decisiones como el silencio. La mujer siempre ha sido silenciada, por tanto, hacernos cargo de ese silencio escénicamente es una forma de dar cuenta de ese problema.

¿Qué viene después? ¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Estoy pensando en una trilogía.

Lo que viene adelante es mover mucho “El Convento”, retomar “La Torre” y poder eclosionar de manera sólida en una tercera pieza que cierre esos temas que están circulando en esta nueva obra.

En eso estoy, un poco tejiendo una triada que sea interesante, novedosa, entretenida visualmente, compleja. Que sea autoral y que pueda generar sentido en quien lo vea. Que podamos dar cuenta del sentido histórico de la mujer en occidente a través de estas piezas teatrales.

Sin duda que parece difícil que uno pueda hacer algo tan complejo como poder dar cuenta del sentido histórico de la mujer. Pero podemos estar tomando trozos de historias, de espacios, de relatos como “La condesa sangrienta”; un convento y en la tercera pieza ahí estamos pensando cuál es el mejor espacio donde situarlo. Traer relatos del siglo pasado.

Contextualizarlos en esta época, mirarlos con perspectiva de género. Hacer una mirada retrospectiva con una puesta en escena contemporánea, entretenida, joven, vibrante y violenta que nos permita pensar la realidad.

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