Monthly Archive septiembre 2020

PorTCH

“La música es el más sutil de los refugios”

Premio del Círculo de Críticos de Arte año 2000, la destacada cantante lírica, actriz, pedagoga teatral, y vicerrectora de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile Magdalena Amenábar Folch, en su rol de directora de la compañía “La Boys Band” presentaba durante este 2020 en nuestro teatro “De la Mesa a la Musa”.

Durante su nutrida carrera como solista, soprano, con acento en la llamada Música Antigua, Magdalena ha logrado acercar este estilo musical a todo tipo público. “La Boys Band aborda una mirada teatral irónica y descontextualizada de la música vocal docta de todos los tiempos. Sin fronteras de estilo, sin frontera de idiomas. Es un gran juego escénico”.

De su pasión por la música y sus proyectos futuros, entre otros temas, conversamos con quien es además locutora de Radio Beethoven FM.

¿Qué factores de tu entorno familiar o de tu infancia, crees que influyeron en tu vocación artística? ¿Existe un momento clave? ¿Cuál?

Yo no recuerdo la vida sin la música, el canto o el teatro.
Diría que aprendí a hablar cantando…

Soy hija de un ingeniero y compositor. Un pionero en Chile de la música electroacústica (Juan Amenábar), con quien escuché música, sin fronteras estilísticas toda mi vida.
En casa, tanto se escuchaba a Los Beatles como a Mozart.

Por otro lado, mi mamá (Eliana Simpson) era una actriz, con una carrera enfocada en la escena, pero también en la locución. Ella tenía una voz privilegiada y era muy histriónica y, en este contexto, el escenario fue algo connatural para mi. Un lugar de mucho gozo en el que estuve desde chica haciendo teatro infantil, teatro musical o participando en festivales.

Mis padres creyeron fervientemente que lo mío era el canto y el escenario, aunque yo me sentía muy atraída por el diseño o la psicología.
Me costó asumirme artista, pero aquí estoy, hablando fascinada de ello.

¿Qué es la música para ti?

La música es el más sutil de los refugios.
Un espacio de tiempo – sin tiempo donde es posible crear, expresar, jugar, improvisar. Desde allí puedo entender el mundo y también abstraerme de él.
La música es para mi un alimento del alma, una maravillosa terapia.

Como parte de tu larga trayectoria como soprano, te has dedicado en gran parte a la música antigua. ¿Qué es lo que más te gusta de ella?

Cuando hablamos de Música Antigua hablamos del cimiento de
toda la música que escuchamos hoy. De los cientos de obras creadas en el el medioevo, el renacimiento y el barroco.

Son siglos primigenios en que la música se fue apoderando de las palabras confiriéndoles, en forma progresiva, importancia, sentido y emoción.

Casi 600 años en que el arte musical viaja desde ser un objeto puramente devocional, lleno de silencio y muy despojado, hasta encontrarse con el poder y sentido del texto, la expresividad y el lucimiento instrumental y tanto nos referimos al canto gregoriano o los trovadores como al nacimiento de la ópera que integra todas las artes.

Como intérprete, toda la música y todos los estilos son un desafío, pero la música antigua me hace sentido y siento sobre esto que hay mucho que poner en valor y tanto que aprender.

En «La Boys Band» tu rol en la dirección te deja «bajo» el escenario. ¿Cómo ha sido esa experiencia para ti?

¡Uf! Ha sido duro…
Dirigir, sin subirme al escenario, ha sido toda una exploración y un reto.

Yo canto con el grupo todo el repertorio, cada función. Si estuvieran filmándome sería, creo, muy divertido

Además, la interacción con actores es muy distinta a trabajar con profesionales de la música que normalmente dominan sus partituras, pero se interesan poco o nada por la interacción con un público.

Los actores en cambio son propositivos, gestuales, orgánicos con el espacio escénico, gozosos con el texto, pero hay que dotarlos de mucho rigor musical, que no siempre está incorporado.

Tengo la maravillosa suerte de que La Boys Band nació con alumnos que se criaron todos a mi alero. Ya conocen mi disciplina…

En tu opinión, ¿Cuál es el aporte a las Artes Escénicas que tiene “La Boys Band»

No sé que exista otra propuesta como esta en Chile. Las hay con otros formatos, otros repertorios y fundamentalmente con voces femeninas.

La Boys Band aborda una mirada teatral irónica y descontextualizada de la música vocal docta de todos los tiempos. Sin fronteras de estilo, sin frontera de idiomas. Es un gran juego escénico.

Para el público que aún espera asistir al concierto teatral «De la mesa a la musa», ¿Cómo les describes la experiencia?

“De la mesa a la musa” es un Divertimento teatral.

La música de todos los tiempos históricos, el texto, los recursos del teatro y el humor, dialogan en un espectáculo ágil, lleno de sorpresas que fascinan a cualquier espectador.

No podemos dejar de lado la contingencia. ¿Cómo has podido desarrollar tus proyectos artísticos en medio de la pandemia?

El trabajo con la Boys Band debió posponerse. Todos lo resentimos…
Echamos mucho de menos nuestro espacio de creación e ingenio, pero es difícil ensayar sin sonar, porque la esencia de la propuesta se nutre del canto y sus sutilezas.

Por mi parte, estoy haciendo un programa para Radio Beethoven (97.7) con el que he podido hablar del canto sin cantar. Se llama “Palabras bajo la Pauta” y es un cruce entre la poesía y las obras vocales de todos los tiempos; una integración entre poetas y creadores.

Este tiempo extraño y único, también me ha permitido dar clases magistrales y seminarios sobre la música vocal que han tenido mucha convocatoria, dada la facilidad de acceso que tienen las plataformas digitales.
Todo un desafío para un artista.
Todo un aprendizaje para lograrlo.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Reponer cuanto antes el quehacer de La Boys Band y en lo personal, volver al escenario.
Ya tengo un par de proyectos en carpeta que, si todo va bien, viajarán a la Argentina.

PorTCH

«Nos gusta inventar cosas nuevas, mezclar ideas y ver qué sale de eso”

Daniela Castillo Toro, es actriz egresada de la Universidad de Chile. Durante su trayectoria, se ha desempeñado como directora, investigadora, actriz y docente universitaria.

Actualmente directora del colectivo Grupo 11, presentaba durante esta temporada 2020 la obra “Humane” en nuestro Teatro Camilo Henríquez, montaje que quedó reprogramado para cuando podamos abrir nuestras puertas nuevamente.

Esperando el estreno de la película “Matar a Pinochet” dirigida por Ignacio Sabattini en la que participa y con varios proyectos futuros en carpeta, entre los que se encuentran viajar a estudiar a la ciudad de Berlín y la construcción de la dramaturgia para una nueva obra, Daniela nos cuenta sobre el desarrollo de su carrera en las artes escénicas.

¿Cuál es el momento clave en tu vida que te hace decidir seguir el camino de las artes?

Mi familia siempre fue muy asidua a ir al teatro o a conciertos y orquestas. Así desde niña siempre fui a muchas obras, yo creo que eso me vinculó de una manera familiar al teatro. Por otro lado, todas las navidades hacíamos show familiares donde actuábamos, cantábamos, bailábamos y nos disfrazábamos. Un momento preciso fue en tercero medio en el colegio, yo no sabía qué estudiaría, sólo sabía que era del área humanista, y mi mejor amiga me dijo “deberías estudiar teatro, es obvio” y fue tan evidente que todo encajó en mí y lo decidí inmediatamente.

Dentro de tu trayectoria como actriz, ¿Qué montaje ha marcado tu carrera?

Hay una obra muy importante, Comida Alemana, del director Cristián Plana y dramaturgia de Thomas Bernhard. Esa obra fue mi primer montaje profesional una vez egresada, tenía 21 años y fue una invitación increíble. Me encantaba, me abrió mucho la cabeza y fue un trabajo muy interesante y desafiante, actuábamos y cantábamos ópera en alemán en un espacio pequeño durante 50 minutos continuos. La puesta en escena era de una elegancia y horror sobrecogedora. Además que el equipo era increíble, mucho compañerismo y alegrías; y tuvimos la suerte de viajar mucho fuera de Chile. Todo eso hizo de Comida Alemana una obra que sin duda me marcó profundamente.

Otro trabajo muy potente fue el realizado bajo la dirección de la actriz chilena Millaray Lobos y el francés Christophe Gregoire entre los años 2014 y 2015, en Chile y Francia. Una residencia artística entre chilenos y franceses que levantaba el concepto de “encuentro” para la creación. Ese laboratorio-residencia, caló muy profundo en mí, me cambió. Después de eso empecé a dirigir y a entender ciertas libertades y sensibilidades del escenario, del teatro y de la creación.

Por otro lado, el mundo del cine también me ha marcado mucho en mi carrera como actriz. Hay cosas que he entendido en ese lenguaje que quizá en teatro a veces se trastocan, como detalles del diálogo mismo, que es algo que el cine no perdona; o estás dialogando con el otre o no estás, o eres verdadero o es evidente que mientes, en este último punto pienso que el teatro perdona un poco más.

¿Cómo ha sido tu experiencia en la dirección?

Me ha gustado mucho la dirección, me ha enamorado un poco. Pero sin duda lo que más me gusta de ello, es el trabajo con mi equipo Grupo 11 (aunque estamos en búsqueda de un nuevo nombre), que lo compone Paulina Giglio, Gabriel Cañas y Jacinta Langlois. La dinámica de creación que se genera ahí es muy rica, hay mucha libertad de creación, mucho trabajo conjunto, mucha apertura a probar las ideas que vengan, es bastante intuitivo, y nos arrojamos bien en eso. Ya nos conocemos mucho, somos todes compañeros de curso de la U de Chile, y eso nos hace familia y a la vez, críticos y estrictos compañeres de teatro.

¿Qué es lo que más te gusta del trabajo en las artes escénicas desde esta mirada?

Nos gusta mucho pasarlo bien, y cuando creamos somos muy felices, los ensayos son muy placenteros y nos escuchamos mucho, cómodo y libre, pero a la vez crítico; también destruimos nuestras propias ideas y buscamos lugares incómodos y difíciles que en confianza es muy entretenido explorar.

Y lo que más me gusta del trabajo escénico desde la dirección, y es algo que sucede con el equipo que trabajo, es que nos gusta inventar cosas nuevas, nuevas para nosotres, mezclar ideas y ver qué sale de eso; que los límites se desdibujen y seamos libres en la creación y que nos pongamos en problemas. Eso me gusta mucho de la dirección, que en verdad puedes inventar lo que quieras y cómo quieras.

¿En qué momento te integras a la compañía Colectivo Grupo 11?

Desde sus inicios, esto fue el año 2013, con la obra Cuerpo Negro, escrita y dirigida por Crsitobal Pizarro, también compañero de curso de la Universidad. Ahí quedó armado ese grupo, y cuando hicimos Youtube: una historia de la humanidad, el 2015, decidimos tomar ese nombre para postular a Fondart y tener más currículum, esas cosas que pasan en Chile con unos fondos que incentivan la competencia. Ahora estamos en proceso de búsqueda de un nuevo nombre, esperamos encontrar uno que nos guste.

¿Cuál es la mirada que quieren dar con sus montajes?

Creo que hemos descubierto con el tiempo que nuestro motor es bastante antropológico, es decir, nos gusta mucho hacer reflexiones en torno al comportamiento del ser humane, y su comportamiento en sociedad. Somos una especie bastante rara; todo el mundo de las emociones, las decisiones y las contradicciones, nos sugieren material interesante para crear y nos inspiran. Entonces en general lo que ha resultado de nuestros montajes, que por cierto son solo dos (Youtube y Humane), es generar reflexión y cierta distancia para observarnos en el escenario, observar y presentar a unos tipos de humanes y sus esencias.

Buscamos que las y los espectadores se identifiquen y a la vez reflexionen sobre sí mismos. Es bastante existencialista y a la vez absurdo. También otro eje esencial es el trabajo con la historia y las líneas de tiempo, el futuro, el pasado, y la libertad de creación que eso otorga. Por otro lado, el humor siempre está ahí y también la sensibilidad, al menos yo no lo concibo de otra forma.

Este año presentaríamos en nuestro teatro «Humane». ¿Qué los motiva a esta creación? ¿Cómo presentarías esta obra al público?

Esta obra nace como una especie de secuela de la primera obra Youtube: una historia de la humanidad, obra que habitaba un futuro muy lejano, y surge por querer hacer el ejercicio inverso, ir al pasado de la humanidad. Huamane es una creación en torno a los inicios de nuestra humanidad, y nuestros antepasados. Nos motivó mucho investigar, inventar y luego presentar este pasado remoto graficado en tres cavernícolas, haciendo el ejercicio imposible de recrearlos y de recrear la vida que habitaban. La obra es un ejercicio reflexivo sobre nosotres mismes y nuestro pasado y evolución, presentando al lenguaje como lo que nos trajo hasta el presente, sin enjuiciarlo como positivo ni negativo; eso se lo dejamos a les espectadores.

¿Cómo has podido desarrollar tu trabajo en tiempos de pandemia?

Ha sido interesante. Por el área de la actuación con mis compañeres del colectivo, al principio de la pandemia decidimos lanzarnos al “teatro online”, que en ese momento estaba en una palestra bastante crítica, para probar que podría salir. Así, inventamos la comedia online Los Fakes, bajo la dramaturgia de Los Contadores, y fue muy entretenido y refrescante actuar, aunque fuese en un formato muy distinto y raro, ensayar nos hizo felices y también los resultados, y también nos dio pega y eso fue buenísimo. Ahora estamos preparando Los Fakes, la película, nuevamente bajo la dramaturgia de Los Contadores. Y me han salido algunos trabajos correspondientes a la actuación y dirección, ha sido entretenido explorar otros formatos.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Lo más próximo es una temporada online de Los Fakes, la película, con Paulina Gilgio, Jacinta Langlois, Gabriel Cañas y una nueva invitada Carla Casali, y bajo la dramaturgia de Los Contadores Auditores, donde además, estaremos en alianza con Teatro del Puente transmitiendo desde su canal de youtube, eso es el 26 y 27 de septiembre. Y ya a más largo plazo, me voy a vivir a Berlín con mi familia, allá pensamos estudiar algo, yo quizá dirección o actuación, estoy evaluándolo, y seguir trabajando con amigues chilenos que están allá, no quiero dejar de trabajar en el teatro o el cine.

Pronto se estrenará una película en la que tuve la alegría de actuar, se llama Matar a Pinochet, dirigida por Ignacio Sabattini y espero le vaya muy bien.

Y con la compañía tenemos una idea de obra nueva y yo me estoy encaminando para construir la dramaturgia, han aparecido materiales y me motiva mucho y al grupo también, se trata de la vida extraterrestre. Esperamos poder desarrollar este proyecto a través de residencias aquí y allá en Berlín, y que la distancia no nos separe. Tenemos la intención y las ganas.